
Una lagartija devoraba mis ojos. En su lengua mis globos y su lengua azul, hiriente. Luego el interior de su digestión aplastante. Sonaba el corazón y las voces infantiles. De la cola, nada. La lagartija refugiándose. Asombrada, observándole. Con mis ojos habitando en su cuerpo destrozado. Mi rostro ciego haciendo ojos desde los dedos.

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