domingo, 3 de mayo de 2009
los algunos
a algunos la vida les pesa en la espina del dorso
caminan sorteando el equilibrio de las cunetas
pero en picada se desploman a la gusanidad de los árboles
poseedores de sombras abriendo grandiosos ojos
a lengüetazos
el dolor y la burla
a algunos que parecen monstruos marinos de mapas sepia
una hormiga de plaza en mitad de los zapatos colosales
en la mirada un túnel
un montón de ventanas lluviosas
que dan a bosques azules de castillos en el musgo
y a través de ellas calendarios infinitos de infinitos
lugares en tiempos infinitos de momentos infinitos
y en sus bocas los niños hablan y sonríen hasta amanecer y mueren
para algunos los trenes pasan más rápida raudamente que sus siestas
y cuando miran los dedos tienen millones de letras de canciones
subterráneas
y si sueñan vuelan de salto en salto los muros rojos de las casas
y convulsos de palabras, ves
a algunos la sonrisa les trasluce las alas
cuando te miran es una ola de peces en el cielo
el olor de la tierra lavada en el párpado del verano
te rompe nariz y memoria
el rechinar de los columpios
el agua de las zanjas
las bicicletas de la cuadra
amamantados por estrellas
esos que lloraban con el corazón palpitante de los jardines infantiles
algunos de los que en las faldas de su abuela sembraban volantines
y leían historietas de casas con escalones de arena
en la sombra del tata súper héroe de un quiosco esquinero floreado de luminosos sabores
/penetrantes/asfixiantes/
a algunos la vida PESA
la soledad acribilla como una madre muerta
la tarde sollozando en un rincón de la casa
atrapados en el pánico de sus alaridos susurrantes
quieren leche, nada más, la mano
se les escapa el calor de la piel por la garganta
sienten miedo de tocarse la cara en el espejo
se laceran el alma buscando culpa
su alba azul tiene voz de niños
se vierten en el juego y piensan perder todas las veces
porque el rey los asusta -la reina-
torturan cada proyecto que vuela
y no abren las puertas porque ven en el aire un laberinto
a algunos LA VIDA
se quedan detrás de la puerta cabizbajando las bolitas saturadas de
caídas
yéndose
yéndose
durmiéndose con las pupilas hacia arriba
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